El viaje

1 Septiembre, 2008


La libertad. Es la esencia de nuestro concepto de viaje.

Desplazarse a lomos de un caballo que come dos o tres veces al día, siete kilos de pienso más paja, se puede enfocar de distintas formas:

Se puede programar con antelación decidiendo los puntos de destino de cada día en lugares donde hay aprovisionamiento, o bien llevar el aprovisionamiento al lugar, pero nos obliga a cumplir horarios inflexibles, y eso da poca libertad.

Se puede tener un apoyo externo que con un transporte nos lleva la comida de los caballos al punto que le indiquemos por teléfono, pero requiere un humano a nuestro servicio y el lugar donde pernoctar, también debe ser accesible, y eso también da poca libertad, sobre todo para el humano.

Llevar un caballo de reata con el equipo, es una molestia para el viaje y más trabajo diario y eso también da poca libertad.

Así que optamos por llevar la comida del caballo encima y no estar sujetos a horarios ni a personas. Pienso para dos días, da mas libertad que para uno, pero una vez terminado, nuestro objetivo prioritario será conseguir pienso para otros dos días.

Cabalgar durante diez días, sin apoyo, por la cañada real Soriana Occidental, dirección Cáceres, nos suena como un viaje de aventura, con un halo romántico.

La realidad es más técnica. En primer lugar hay que planificar el viaje con bastante antelación, y preparar con detenimiento los tres componentes esenciales: La ruta, el equipo y la preparación física del caballo y del jinete.

griegos a caballo

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